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miércoles, 6 de marzo de 2013

ESTRÉS EN MADRES DE NIÑOS CON AUTISMO Por José Perich


Se han realizado muchos estudios referentes al estrés en madres que tienen a cargo el cuidado de niños con autismo, probablemente es por el rol preponderante que cumplen ellas dentro del desarrollo de sus hijos(as). Si bien, esto no significa que el resto de la familia no se encuentre emocionalmente involucrada, por lo general y por la estructura social, es en la madre en quien recae el rol de cuidador primario.

Primero que todo definiremos como cuidador primario al miembro de la familia que se encarga de los cuidados del niño durante la mayor parte del tiempo.  Es decir, que el concepto de cuidador primario puede delegarse a otros miembros de la familia nuclear o extensiva que no sea necesariamente la madre. Es importante resaltar y aclarar nuevamente, que en el caso que el concepto de cuidador primario recaiga en otra persona, no significa que la madre o el resto de la familia no reciban el impacto de la llegada de un niño con autismo.



Diversas investigaciones demuestran que ser madres de niños con algún tipo de dificultad en el desarrollo conlleva problemas en su salud mental o física. Se ha podido observar que muchos de los padres y cuidadores primarios de estos niños sufren sintomatologías comunes como los son: Fatiga, depresión, baja autoestima e insatisfacción personal (Bristol, 1984).  Dentro de este contexto,  varios autores han demostrado que madres de niños con autismo sufren de más depresión y ansiedad que madres de niños con Síndrome de Down (Belchic, 1996; Pisula, 2002; Shu, Lung y Chang, 2000).

En el siguiente cuadro podemos observar  que un alto porcentaje de cuidadores primarios reconoce una gran sobrecarga emocional.



Este estrés se debe, en gran medida,  a las características particulares del autismo, principalmente a las actitudes autolesivas que tienen  muchos de estos niños, sumado a la constante readaptación que deben realizar las familias. Sin embargo hay otros factores, que según los estudios, tienen una gran preponderancia en el desarrollo de estrés en cuidadores primarios, estos son:

·         La permanencia de la sintomatología en el niño.
·       La falta de aceptación del comportamiento autístico en la sociedad en general y los miembros de la propia familia.
·         Los bajos niveles de apoyo proporcionados por los servicios de salud y otros servicios sociales.

Estos factores provocan sentimientos de alienación social, lo cual puede ser el reflejo del rechazo y aislamiento social que sufren muchas madres o padres, creando esta sensación  de falta de contacto con la realidad que los rodea.

En este sentido se puede concluir que es la falta de satisfacción con la vida en general y la restricción de oportunidades las que ocasionan un impacto mayor en el bienestar psicológico de la cuidadora.

El siguiente cuadro nos muestra los porcentajes de las áreas emocionales más afectadas en cuidadores primarios.




Como pueden observar, en la mayoría de las dimensiones sintomáticas, un gran porcentaje de la gente del estudio se encuentra en un nivel Medio-alto.

Pese a que los resultados de los estudios son bastante abrumadores, eso no significa que no existan medidas que nosotros como padres y cuidadores primarios podamos poner en práctica para salir adelante. Como alternativas podemos plantear las siguientes:

  •  Informarse por medios serios sobre las características de los Trastornos Generalizados del    Desarrollo y sus posibles tratamientos.

·         Generar expectativas realistas y aterrizadas a las características del niño.

·         Buscar apoyo profesional para que nos asesoren en la forma de interactuar con nuestros hijos(as) y de esta forma potenciar su desarrollo.

·    Buscar actividades e instituciones  para el niño(a),  que nos dejen conformes frente a nuestras expectativas.

·       Generar instancias de divertimento y crecimiento personal que no involucren a su hijo(a). (Creo yo, que es lo más difícil).

·       Buscar la unión con distintas agrupaciones de padres y cuidadores primarios como un elemento de contención.

·     Buscar formas y espacios para explicar a los que nos rodean las características de los niños con autismo, esto ayudara a integrarnos a otro tipo de actividades.

·         Luchar, por todos los medios posibles, por la creación de políticas públicas en torno a los TGD.


En resumen, son muchas las dificultades que encontraremos en nuestro camino. Lo importante es que seamos conscientes de ello y busquemos alternativas concretas para salir adelante.








Referencias:


lunes, 4 de febrero de 2013

PROCESO DE DUELO EN PADRES DE NIÑOS CON AUTISMO por José Perich

Muchos de los padres de niños diagnosticados con TEA pasamos por una serie de emociones y sentimientos desde que percibimos “algo distinto” en el desarrollo de nuestros hijos hasta que aceptamos su condición.  Este proceso, no es patológico, es normal.  Sin embargo cada padre puede vivirlo de manera distinta y depende de una serie de factores la extensión e intensidad de las etapas que se describen más adelante.

Este proceso es una analogía a las etapas de elaboración de duelo planteadas por Kübler Ross (1969) para describir el proceso que acompaña a la pérdida de un ser querido.

Este proceso consta de las siguientes etapas:

Fase previa: Sorpresa, estado de shock y entumecimiento debido al diagnóstico. Este proceso se incrementa debido a la incertidumbre provocada por falta de una detección temprana del autismo. Los padres van de especialista en especialista buscando una respuesta a “lo que tiene” su hijo.  Esta información además se ve contrastada con opiniones de familiares, amigos y textos de internet, provocando confusión e inestabilidad emocional.


Negación: La evidencia médica parece insustancial. El diagnostico pareciera ser exagerado,  los padres tienden a pensar que es sólo un retraso madurativo y que el niño se “normalizará” al cabo de algún tiempo. 

Irritación y culpa: Enojo y búsqueda de responsables. Esta fase se puede dar de distintas formas.  Hay personas que se culpan a sí mismas o a sus parejas. Otros externalizan esta culpa a los médicos tratantes, al embarazo o a una mala asistencia en el parto.  Lamentablemente este proceso se ha incrementado debido a falsos estudios hechos por Wakefield que vinculan el autismo con las vacunas, imposibilitando el avance de muchas familias.

Depresión: Impotencia frente al diagnóstico. Falta de claridad en lo que “debo hacer” con mi hijo. Desesperación frente al futuro. Se caracteriza, en muchos casos por estar cargado de factores psicosomáticos como stress, insomnio y cefaleas.

Aceptación: Búsqueda de apoyos. Comienza la lucha por entregar a los hijos con autismo el máximo de apoyo para superar su condición. Se intenta potenciar las habilidades del niño. Esta fase consta de muchos otros procesos, ya que las características evolutivas de los niños con autismo son particulares para cada uno y siempre aparecen nuevas necesidades.

Es importante señalar que estas etapas no son necesariamente lineales y que los límites no son rígidos, sino que existe entre fase y fase un periodo de transición que involucra las características de ambas etapas.